Nos invaden seres submarinos: Frank Schätzing

Fragmento de “El quinto día”

quintodia

… -Es muy sencillo, las consecuencias nos depararán quebraderos de cabeza terribles, pero en el fondo es algo verdaderamente obvio y sencillo. No sufrimos una catástrofe natural, tampoco nos enfrentamos a tanques terroristas o a estados canallas. Ni la evolución ha enloquecido, lo que esta sucediendo es algo muy distinto. Estos días somos testigos de la tantas veces descrita guerra interplanetaria. Dos planetas que no reconocemos como tales porque se han fundido en uno. Mientras nosotros mirábamos para arriba a la espera de otras inteligencias en el universo, ahora resulta que se muestran como parte de nuestro mundo. En este planeta coexisten dos sistemas de vida inteligente radicalmente distintos que hasta el momento se han dejado mutuamente en paz, pero mientras que uno de los sistemas tenía conocimiento de la evolución del otro, el otro no ha tenido hasta el momento ni la menor idea de la complejidad del mundo que hay bajo las aguas, o, si lo prefieren así, el extraño universo con que compartimos el globo. El mundo espacial esta en los océanos, los extraterrestres no vienen de lejanas galaxias, sino se han desarrollado en las profundidades marinas. La vida en el agua es mucho más antigua que nosotros en la tierra, y cálculo que esos seres serán mucho más viejos que nosotros. No tengo ni idea de cuál es su aspecto, ni de cómo viven, cómo piensan y cómo se comunican. Pero tendremos que acostumbrarnos a la idea de que hay una segunda raza divina cuyo hábitat llevamos décadas destruyendo sistemáticamente. Y, señoras y señores, parece que los de abajo están verdaderamente cabreados con nosotros, y con toda la razón.
-(no lo pueden creer, el siguiente paso: hacer que su idea sea de ellos también)
-Nuestro problema en los días pasados es el de relacionar todos los hechos. No parecía haber vínculo entre ellos hasta que tropezamos con una sustancia gelatinosa que se presenta en diversas cantidades y se descompone rápidamente al aire libre. Lamentablemente, este descubrimiento solo ha servido para aumentar nuestra confusión, pues hemos encontrado la sustancia tanto en cangrejos y moluscos como en la cabeza de las ballenas, es decir, en seres vivos que no podrían ser más distintos. Una explicación plausible es que se tratase de una especies de epidemia, pero eso no explica el hundimiento  de los barcos ni que los cangrejos transportes algas asesinas, y los gusanos de los taludes continentales no presentan nada gelatinoso, pero son portadores de bacterias que reducen el metano y son responsables de la liberación  de grandes cantidades de gas  de efecto invernadero, lo que llevó en última instancia al desprendimiento  del borde de la plataforma del tsunami. Entretanto, han aparecido en vastas zonas del mundo organismos que parecen mutaciones, y los bancos de peces se comportan anti naturalmente. Ningún científico sabe lo suficiente sobre ecosistemas marinos como para manipularnos de esa manera, así que esto no es obra de un humano.
Suele decirse que sabemos más sobre el universo que sobré las profundidades, es verdad. Habría que añadir por qué es así: porque en el universo podemos movernos y ver mejor que en los mares. El telescopio Hubble observa sin dificultades lejanas galaxias. Mientras que los reflectores mas potentes solo nos permiten ver el mundo subacuático en un radio de unas pocas docenas de con libertad prácticamente por todo el espacio, mientras que a partir de cierta profundidad un buzo es aplastado aunque lleve un traje de las mas alta tecnología. Los sumergibles solo funcionan en condiciones muy especiales. Definitivamente no disponemos del equipamiento técnico ni de las condiciones sísmicas para depositar en los hidratos miles de millones de gusanos, y menos disponemos de los conocimientos precisos para criarlos en un mundo que apenas conocemos. Han sido destruidos cables submarinos y no solo por el deslizamiento. De las aguas abisales suben bancos de medusas, moluscos y aguas malas. Todo lo que esta sucediendo solo es posible porque allí abajo hay alguien que conoce este mundo tan bien como conocemos nosotros el de la superficie
– Si es así, ¿por qué no hemos visto ni oído hasta el momento algo referente a esa raza?
-Hay al menos tres razones, primero, la ley del pez invisible. La mayoría de los peces en las profundidades marinas no ven más que nosotros en el sentido tradicional, pero han desarrollado órganos sensoriales que sustituyen a la vista, reaccionan a los más leves cambios de presión. Perciben las ondas sonoras a cientos e incluso miles de kilómetros. Escuchan a cualquier vehículo submarino mucho antes de que sus propios ocupantes vean algo. En teoría, en una zona pueden vivir millones de peces de una especie determinada pero si se mantienen en la oscuridad no los vemos. ¡En este caso se trata de seres inteligentes! Jamás podremos observarlos mientras ellos no quieran. La segunda razón es que no tenemos ni la menor idea de su aspecto. Hemos grabado la nube azul, las descargas como rayos. ¿Es acaso una expedición de una inteligencia desconocida? Y la tercera razón es que ahora sabemos que en todos los estratos abunda la vida, cosa que ignorábamos antes. Hemos explorado los estratos superiores del agua, pero en las profundidades solo han estado algunos robots y un par de hombres en sumergibles blindados. Si comparamos estas excursiones ocacionales con agujas, habrá que imaginar un pajar del tamaño de nuestro planeta. Es como si extraterrestres bajaran de su nave espacial hasta la tierra cámaras y que estas solo filmaran lo que pueden un radio de pocos metros. Una de esas cámaras filma un trocito de la espera de Mongolia, otra hace instantáneas del Kalahari, y una tercera llega sobre la Antártida. Otra logra llegar a una parte de Central Park, donde graba un par de metros cuadrados de césped verde y a un perro orinando en un árbol ¿A qué conclusión llegarían los extraterrestres? Qué se trata de un planeta deshabitado donde esporádicamente se hallan formas de vida primitiva.
– ¿Qué pasa con su tecnología?
-Nosotros transformamos materia muerta en apartos, casas medios de locomoción, ropa, etc. Allá abajo una sola cosa cuenta: la adaptación óptima, de manera que cabe imaginar mera biotecnología…
Ojalá les haya gustado este fragmento, lean el libro completo, vale el tiempo.
El quinto día, Frank Schätzing.
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